Dónde cita Mateo al Antiguo Testamento, y cómo se compara cada pasaje con su paralelo en Marcos y Lucas.
Isaías anunciaba una señal para el rey Acaz en el siglo VIII a.C. Mateo la retoma para mostrar que en Jesús se cumple de forma definitiva: Dios mismo viene a estar con su pueblo.
Miqueas profetizó que de la pequeña Belén, y no de la capital Jerusalén, saldría el gobernante prometido a Israel — el detalle geográfico que los magos y los líderes religiosos confirman sin buscarlo.
En Oseas, "mi hijo" es Israel, llamado fuera de Egipto en el éxodo. Mateo aplica la misma frase a Jesús, presentándolo como quien resume y repite la historia de su pueblo.
Jeremías describe el llanto de Raquel por el exilio de sus descendientes a Babilonia; Mateo la vuelve a citar ante otra masacre de inocentes, sin suavizar el horror del texto.
A diferencia de las citas anteriores, "será llamado nazareno" no proviene de un solo versículo: probablemente juega con néser ("vástago", Isaías 11:1) y con el estatus marginal de Nazaret, un pueblo sin relevancia política ni religiosa.
Isaías anunciaba el regreso de Dios a Jerusalén tras el exilio; Mateo identifica a Juan el Bautista como esa voz que prepara el camino, ahora para la llegada del propio Jesús.
Marcos abre su evangelio directamente con Juan; Lucas agrega un marco cronológico preciso con los gobernantes de la época.
Los tres evangelios coinciden en la voz del cielo y la paloma; Mateo agrega el diálogo entre Jesús y Juan antes del bautismo.
Jesús responde a la primera tentación citando el mismo pasaje que recuerda cómo Dios alimentó a Israel en el desierto con maná: la obediencia a la palabra de Dios importa más que satisfacer el hambre inmediata.
El diablo también cita Escritura, pero la saca de su contexto: el salmo habla de confianza en medio del peligro, no de una invitación a provocar a Dios con actos temerarios.
Jesús corrige la cita manipulada del diablo con otro pasaje de Deuteronomio: Israel no debe poner a prueba a Dios como lo hizo en Masá, dudando de su fidelidad.
Frente a la oferta de todos los reinos del mundo, Jesús responde con el mandamiento central de Israel: solo a Dios se le adora y solo a él se le sirve.
Isaías hablaba de la oscuridad del exilio asirio sobre Galilea; Mateo muestra que es precisamente allí, en una región despreciada y mixta, donde comienza a brillar la luz del ministerio de Jesús.
Marcos resume la tentación en dos versículos sin detalle; Mateo y Lucas comparten las tres tentaciones específicas, aunque en distinto orden.
Lucas sitúa el llamado después de una pesca milagrosa; Mateo y Marcos lo narran como un llamado más directo, sin ese contexto previo.
Jesús no abole el mandamiento "no matarás": lo profundiza, mostrando que la raíz del homicidio —el odio y el desprecio sostenidos en el corazón— ya requiere atención antes de llegar al acto.
De la misma manera que con el homicidio, Jesús lleva el mandamiento contra el adulterio a su raíz: el deseo que se alimenta y se queda, no solo el acto consumado.
La ley del "ojo por ojo" buscaba limitar la venganza a una proporción justa; Jesús va más allá de limitarla y llama a renunciar a ella por completo frente al agravio personal.
"Amarás a tu prójimo" sí viene de la Ley; "odiarás a tu enemigo" no — es una adición popular que Jesús rechaza explícitamente al mandar amar también al enemigo.
Lucas tiene una versión más breve (cuatro bienaventuranzas con sus correspondientes "ayes") en un llano, no un monte; buena parte del resto del Sermón del Monte aparece dispersa en otros capítulos de Lucas.
La versión de Lucas del Padre Nuestro es más breve; Mateo la ubica dentro del Sermón del Monte, mientras que en Lucas surge de un pedido directo de los discípulos.
Lucas ubica esta enseñanza en un contexto distinto, después de la parábola del rico insensato, pero el contenido es prácticamente idéntico.
Lucas incluye esta enseñanza en el mismo bloque que su versión del Sermón del Monte.
La parábola cierra el Sermón del Monte en ambos evangelios con la misma imagen central: la roca frente a la arena.
El Siervo sufriente de Isaías carga enfermedades y dolores; Mateo ve esa profecía cumplida no en la cruz todavía, sino en las sanidades físicas de Jesús — el mismo poder que después cargará el pecado.
Los tres relatos coinciden en los detalles esenciales: el leproso se acerca, Jesús lo toca —algo ritualmente arriesgado— y lo sana.
Juan 4:46-54 narra una sanidad a distancia distinta, de un hijo de un oficial; no debe confundirse con este episodio del centurión.
Marcos añade detalles vívidos, como que Jesús dormía sobre un cabezal en la popa.
Marcos y Lucas ubican el episodio con un solo endemoniado y lo narran con mucho más detalle que Mateo, que menciona dos.
Dios, por medio de Oseas, ya había dejado claro que prefiere un corazón compasivo al cumplimiento ritual vacío; Jesús usa la misma frase para justificar por qué come con "pecadores".
Marcos y Lucas agregan el detalle de que bajaron al paralítico por el techo, algo que Mateo omite.
Marcos y Lucas lo llaman "Leví"; Mateo usa su propio nombre, "Mateo", en lo que muchos ven una firma discreta del autor del evangelio.
En Marcos y Lucas, Jairo es nombrado explícitamente como jefe de la sinagoga; Mateo no menciona su nombre.
Lucas separa el envío de los Doce (9:1-6) del envío posterior de los setenta y dos (10:1-12), que no tiene paralelo en Mateo.
Malaquías anunciaba un mensajero que prepararía el camino antes de la llegada de Dios; Jesús identifica a Juan el Bautista con esa figura, cerrando la época de los profetas.
Ambos relatos coinciden casi palabra por palabra en la respuesta de Jesús y en su testimonio sobre Juan el Bautista.
Jesús vuelve a citar el mismo pasaje que en Mateo 9:13, ahora frente a la acusación de que sus discípulos violan el sábado: la misericordia pesa más que la observancia ritual estricta.
El primer Canto del Siervo describe a alguien elegido por Dios que no impone su autoridad a la fuerza ni se da por vencido con los débiles; Mateo lo aplica al Jesús que evita la confrontación pública y sana con mansedumbre.
Jesús usa los tres días de Jonás en el vientre del pez como figura anticipada de su propia muerte y resurrección — la única señal que dará a una generación que exige pruebas.
Marcos agrega el dicho "el sábado se hizo para el hombre, no el hombre para el sábado", que Mateo no incluye en este pasaje.
Los tres evangelios coinciden en que esta sanidad fue la gota que colmó el vaso de la hostilidad religiosa contra Jesús.
Marcos ubica este episodio justo después de que la familia de Jesús intenta contenerlo, dándole un matiz distinto al conflicto.
Los tres evangelios coinciden en el mismo giro: Jesús redefine la familia alrededor de la obediencia a Dios, no del parentesco biológico.
El mismo texto que Dios le dio a Isaías para describir un pueblo endurecido que ve sin percibir se repite en tiempos de Jesús: las parábolas revelan a quien quiere ver y esconden a quien ya decidió no hacerlo.
El salmista ya usaba parábolas para contar la historia de Dios con Israel; Mateo ve en el método de enseñanza de Jesús el cumplimiento de ese mismo patrón: revelar misterios antiguos de una forma nueva.
Marcos y Lucas narran la misma parábola con variaciones menores en los detalles del terreno.
Lucas ubica esta parábola en un contexto narrativo diferente, más adelante en su evangelio.
Marcos no incluye la parábola de la levadura; aparece solo en Mateo y Lucas.
Así como Eliseo multiplicó panes de cebada para alimentar a cien hombres con sobras, Jesús multiplica panes y peces para más de cinco mil, sin que la escena cite a Eliseo de forma explícita: la comparación se insinúa en la propia estructura del relato.
Marcos narra este episodio con mucho más detalle que Mateo, incluyendo el ambiente del banquete de Herodes.
Es el único milagro, además de la resurrección, narrado en los cuatro evangelios.
Juan también narra este episodio, pero sin el intento de Pedro de caminar sobre el agua, que es exclusivo de Mateo.
Jesús cita directamente el mandamiento de honrar a los padres para denunciar cómo la tradición del "corbán" lo anulaba en la práctica: la letra religiosa usada para esquivar la obediencia real.
Isaías ya había descrito una religiosidad de labios que no nace del corazón; Jesús aplica la misma acusación a los fariseos de su tiempo, cuyas tradiciones reemplazan el mandamiento de Dios.
Marcos incluye una explicación adicional para lectores no judíos sobre las prácticas de purificación.
Marcos identifica a la mujer como "sirofenicia"; Mateo la llama "cananea", un término más antiguo con resonancias del Antiguo Testamento.
Es la segunda multiplicación de panes narrada en Mateo y Marcos, distinta de la de los cinco mil.
Ante fariseos y saduceos que vuelven a exigir una señal del cielo, Jesús repite la misma respuesta que ya había dado: la señal de Jonás, figura de su muerte y resurrección, es la única que recibirán.
Lucas omite el nombre del lugar (Cesarea de Filipo); Mateo es el único que incluye la respuesta de Jesús sobre la iglesia y las llaves.
Los tres evangelios coinciden en que esta fue la primera vez que Jesús anunció abiertamente su muerte y resurrección.
Los tres evangelios coinciden casi palabra por palabra en el llamado a tomar la cruz y negarse a sí mismo.